martes, 9 de diciembre de 2008

José Santana

COCKTEL DE FAMOSOS


Derramo, por el dolor, Donoso llanto de máxima pena

y los estertores Huidobros de mi padecimiento aumentan

porque los Mistrales gritos de la conciencia claman tu retorno;

te suplico me des, al menos, una esperanza Nerudiana que vendrás.

Las flautas lastimeras de esta Eskármeta melodía laceran mi alma,

es por eso que sólo la luz Rokha y tenue del sol levanta el ánimo.

Desde que partiste, una Violeta tuya ha quedado sobre la Parra del jardín

para mi recuerdo.

No permitiré que ningún evento Arteche desmejore mi frágil ánimo.

Deseo que el tiempo Massone cure poco a poco mi aflicción,

y si por algún Skarpa motivo no fuese así, por favor no me culpes;

clamaré mi enojo al Pessoa destino para que me permita viajar Velíz

hasta el ansiado encuentro.

Voy a intentar que el Castro ritmo de vida repare el martirio

que me aqueja y el Nicanor océano con espuma de coral,

sane mi corazón, para que las Jaras del río me muestren

su natural belleza; de tal modo, el Teillier crepúsculo no fenecerá

y la Vicuña del desierto, pueda pastar tranquila

por los áridos parajes de mi Roja y atormentada conciencia.


UN DESEO HACIA LA ETERNIDAD


Amor mío, te percibo

a través de la nostalgia.

En flores de resignación

ha quedado mi amor por ti,

sublime huella en la lejanía.

Las letras del tiempo

claman añorantes tu presencia,

y yo, heme aquí, cabizbajo,

vestido con mi traje de color púrpura

complaciendo tu último deseo;

deseo adormecido,

trazo sin motivo al viento,

miel en sepultura,

dolorosa espina de rosa furtiva

que hieres la conciencia a la eternidad.

Te marchas, lo sé,

junto a la acompasada melodía

del grillo taciturno;

mi brisa marina,

suspiro al océano,

plástica inconclusa,

placer mortecino, te has ido.

Dónde estás plegaria e inspiración,

necesito el inconfundible

color de tu mirada,

mirada hecha corazón, deseo oculto

en el armario del cuerpo;

mientras que el alma sin sueño

me arropa con dulzura

y muestra una sonrisa delirante;

poema desvestido

entre sábanas de papel.

Te llevo en mí

como tatuaje en la noche,

montaña ilusión,

crepúsculo añorado;

y aún te veo ataviada

como luna adolescente

acariciando mis palabras,

ahora transformadas en sólo recuerdos

sobre los cabellos del universo.

Regresa a mí, faro intenso,

quita la tristeza y el hastío,

copa en profunda pena,

lágrima desnuda por el dolor.

Calma mi lamento herido,

lastimado por tu ausencia,

melancolía serena;

dile a los pájaros marchitos

alejen esta ave negra

que habita en mi conciencia

y deja que te adore siempre

sin importar que estés

dentro de ese pálido ataúd,

forrado por la ignominia del silencio.

Amor mío, nave de tormenta,

libro sin final;

te he dado, en nuestra despedida,

el más tierno de mis besos

henchido por la desolación,

y tú, obséquiame para mi congoja, al menos,

el tenue resplandor de tu presencia.

1 comentario:

Francisca Avaria Muñoz dijo...

Bien mi charro. Felicitaciones y saludos.
Francisca.